08|08|2013

Vigilia

curador: Lucas Di Pascuale

Inauguración 8 de agosto | 19hs. | Museo Genaro Pérez | hasta el 22 de septiembre |

Danzantes

Lucas Di Pascuale

Esas cosas insignificantes
–las “cosas que la mente ya conoce”– son las más peligrosas
porque transportan sin preámbulo
a otro tiempo, a otro lugar.
Estrella de Diego

A esos días en que sabemos imposible habitar el mundo, continúan otros en los que ese mismo mundo, es lo más parecido al lugar que elegiríamos para vivir. Caminar resulta de una lógica desmesurada en esos otros días y un sin sentido en aquellos primeros. En el sin sentido de la caminata nuestros pies temen deshacerse, justamente al revés de lo que sucede en la lógica desmesurada, donde cada pedacito de tierra que pisamos es olvidado por nuestros pasos. Luego vienen los días mezcla, un poco y un poco. También están aquellos días en que nos salimos de los otros días; entonces nuestros pies, como si habitar la tierra fuera una danza, no le temen al olvido.

“’Fulgurante’: la mirada del espectador de danza debe aprehender la relación entre el ser y el desaparecer.” Alain Badiou, Pequeño Manual de inestética

Danzantes. Despegados del suelo peleamos, amamos y comprendemos nuestras solidaridades, tan inmensas e impensadas como nuestras mezquindades. De a dos, en grupos numerosos y hasta con nosotros mismos, danzamos en esos días apartados de todos los otros días. En sitios que aprehendemos cuando crecen con nuestros movimientos. Crecen sin personas. Ya había sitios sin personas en la fotografía de una Mónica Fessel adolescente. ¿Pero quién se atreve a pensar que esos lugares no están habitados? ¿A caso podrían ser sólo paisajes o arquitecturas o fotografías?

“‘Absoluta’: el pensamiento figurado en la danza debe ser tenido como una adquisición eterna.” Ibid.

Adquisiciones de espacios que transformamos al tiempo que dejamos de ser los mismos de siempre. Fotografías. Mónica intuye que tanto ella como nosotros –sus cómplices–, impregnamos allí el perfume de cambios imperceptibles y definitivos.
Parecido a esa fotografía que conocíamos, la de imágenes que ya estaban pero que todavía no podíamos ver. Es que de allí viene Mónica, de ese oficio que nos expandió el universo. Evita las poses del retratado y evita las poses del retratista. No necesita nadar a favor de la corriente, tampoco permisos ni declaraciones de artisticidad. Simplemente nos susurra que adquirir es sinónimo de transformar.

“La eternidad es precisamente aquello que conserva la desaparición. Cuando una mirada ‘fulgurante’ se apropia de un desvanecimiento, solo puede conservarlo puro, por fuera de toda memoria empírica.” Ibid.

Parece ser que nuestros desvanecimientos ocurren casi siempre en penumbra, rodeados de oscuridad, como si se tratara de un sueño o una pesadilla. Tal vez un teatro colmado, desde donde el mundo nos mira sin mostrarnos sus ojos.

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